jueves 11 de agosto de 2011

Luego de mí, el apocalipsis

El chantaje colectivo del “mal menor” dentro de la evolución socio-política de Venezuela, no es nada nuevo, a la luz de proclamas de reciente data, donde el líder y sus acólitos aducen la condición de imprescindible de su guía y mentor, en una suerte de “todo o nada”, en torno a la causa que defienden. En 1842, Antonio Leocadio Guzmán, ya denunciaba esa extorsión al colectivo por parte de la “oligarquía conservadora” para justificar el mantenimiento del régimen “paecista”, como si ese hombre semisalvaje y carente de virtudes cívicas (que sí de la “virtud armada”) era mejor tenerle en el gobierno que en la oposición.

La lista de situaciones similares podría ocupar casi todo el siglo XIX, con sus raras excepciones. El continuismo es la norma, la tentación de permanecer por largas temporadas en el poder resulta el norte de quien lo obtiene por asalto (y hasta quien le ha dado un matiz de legalidad, quiere con esa misma careta jurídica el mando perpetuo) y el cáncer no se extirpa en 1899, y por el contrario, ese año marca una nueva etapa que llevará sus tentáculos hasta las cuatro primeras décadas del siglo XX.

Llegaron los andinos, el grupo de los “sesenta” con un Jefe (por ahora) sin discusión, Cipriano Castro, pero con un “segundo” (que no segundón) que experimentará un paulatino ascenso hasta dejar fuera de juego su antiguo compadre, paisano y amigo, para convertirse en el nuevo “hombre fuerte” de Venezuela: Juan Vicente Gómez.

El Benemérito supo aprovechar ese halo del “imprescindible” a su máxima expresión. Pacificó al país y lo unió, y de ñapa le dio trabajo. Aunque la resistencia parafraseaba en tono irónico el lema oficioso en: Paz en los cementerios, Unión en las cárceles y Trabajo en las carreteras. Pero la propaganda gobiernera daba cuenta del “peligro” de una nación sin el Brujo de La Mulera.

Insustituible hasta que la biología le dijo lo contrario. En el camino, no solo malogró la vida de muchos venezolanos sino la institucionalidad del país. Costó mucho desenmarañar ese modus vivendi del mandamás y los borregos.

Creímos haber madurado como sociedad democrática, blindada, sin posibilidad de un “deja vú”, pero bien dice el refrán que “seguro mató a confianza”. Hasta en las mejores familias puede haber un “salto atrás”.

(Publicado originalmente en el diario 2001 el 8/08/11)

viernes 1 de julio de 2011

¡Periodistas!

Nunca me ha gustado cuando veo, oigo o leo exaltaciones a algún funcionario, trabajador o profesional, por el simple hecho de “hacer su trabajo”. “Felicitamos a los policías por atrapar a los ladrones”, o “vivan los bomberos por apagar el fuego”. Sin desmeritar a los gendarmes o los arriesgados ciudadanos que se enfrentan a las llamas, podríamos concluir que para eso se formaron o entrenaron.

Estas reflexiones domingueras (a pesar de ser lunes) vienen cuando se celebra el día de algún gremio en particular. Hoy nos toca a los periodistas venezolanos, por aquella efemérides que coincide con el primer número de El Correo del Orinoco, fundado por El Libertador, Simón Bolívar. Los comunicadores sociales tampoco deberíamos esperar la lisonja y el aplauso permanente para cumplir nuestro trabajo. Mucho menos ser considerados héroes, dirigentes sociales o políticos, estrellas, divos ni salvadores de nada. Con eso de “periodistas” basta y sobra. Es una responsabilidad mayúscula, una carga lo suficientemente pesada, como para ansiar primero los vítores de las gradas, antes de honrar la misión de vida.

Pero en los tiempos que corren la tarea no es fácil, aunque no vale la pena remarcar aquí lo que se ha dicho hasta la saciedad en los últimos doce años. En conclusión, a los periodistas también nos dividieron, cuando antes, en una misma redacción, era multicolor la variedad de colegas. Hasta los premios y reconocimientos están teñidos

En un país que todo parecer marchar al revés, como un libreto de Ionesco, la tarea pendiente se vislumbra muy cuesta arriba. Una nación donde el Miss Venezuela ha tenido más vigencia en el tiempo que cualquier Carta Magna, nos dice mucho del estado de las cosas. Si frente a lo que se denuncia como mercantilismo mediático, se nos contrapone el “servilismo mediático”, el convertirnos en operarios de la adulancia y el culto a la personalidad, sin duda que tenemos un reto inmenso en los años por venir.

Sería vergonzoso reeditar episodios como el de la Adoración Perpetua, en tiempos del Ilustre Americano, Antonio Guzmán Blanco; empalagosa pieza de la más vernácula jaladera de mecate. Y qué decir de los 27 años de régimen del Brujo de la Mulera: el calificativo de Benemérito fue de los más ligeros, para tanta procesión de cortesanos contemplativos con el mandón de turno. Hasta cierto periódico tuvo que lanzar por la ventana de su redacción del busto del tirano, para evitar un saqueo seguro, el 18 de diciembre de 1935.

(Originalmente publicado el 27/06/2011 en el diario 2001, Caracas, Venezuela)

miércoles 29 de junio de 2011

¿Y dónde está el Caudillo?

Ya está consolidada la revolución. El líder se siente sin rivales, sin nadie que le haga sombra. Atornillado en el poder, no hay quien pueda disputarle la jefatura del Estado, el control político de la nación y el dominio sobre su brazo armado.

El caudillo, incluso, se ha dado el lujo de enfrentarse a las potencias imperialistas. Sí, esas que quieren seguir explotándonos y aprovechándose de nuestros recursos de manera grosera y descarada. El hombre le ha dicho sus “cuatro cosas”, le ha cantado sus verdades, y la masa ha entrado en orgasmo colectivo. “Ese sí es un macho de verdad”, se escuchará en medio del rugido de sus amados seguidores. No le habría temblado el pulso en ser el primero en disparar, pero aquellos paquidermos colonialistas “han arrugado”. No se atrevieron a medirse de “tú a tú” con El Jefe.

Todo parece ideal para que este líder latinoamericano, con pretensiones de ir más allá, prosiga sin contratiempos en pleno ejercicio del mando. Pero ¡oh sorpresa! No ha podido escapar de las intrigas palaciegas que lo llevan a mirar con malos ojos a uno de sus más cercanos y leales colaboradores. El vicepresidente cae en desgracia, y el hombre fuerte no tiene otra mejor jugarreta que “ponerle un peine”, una trampita, algo infantil, para probar los chismes de su séquito.

El Presidente decide ausentarse “hasta nuevo aviso”. Sale le capital con rumbo incierto. Todos se preguntan “¿dónde está?”, “¿estará bien su salud?”, “¿seguirá vivo?”. Así transcurren los días, pero el vicepresidente no pisa el peine, y el Primer Mandatario regresa con gran pompa, con una ciudad frenética que lo aclama, que no puede vivir sin su sabia conducción. Más que “probar” al subalterno, ha sido un termómetro para su insaciable ego y bañarse de adulancia. Se le llama imprescindible, insustituible, inigualable, y un largo rosario de lisonjas que empalagaron a más de uno.

Así Cipriano Castro, a comienzos del siglo XX, puso a prueba la fidelidad de Juan Vicente Gómez. No pasó mucho tiempo de ese show, cuando El Cabito ya era “historia pasada”, y fue a expirar en Santurce, luego de vagar sin destino por varias latitudes.

(Publicado el 20/06/2011 en el diario 2001, Caracas, Venezuela)



miércoles 25 de marzo de 2009

FEDERALISMO: entre el sueño y la pesadilla

Nota preliminar: en la hora actual de Venezuela, se ha puesto de nuevo en la palestra el añejo debate entre federalismo versus centralismo, adecuado a la circunstancia presente como una lucha de la "centralización" contra la "descentralización". O más sencillo aún (y como ocurrió en diversas épocas de antaño) la "partidización" de la pugna: CHÁVEZ (centralismo) vs. OPOSICIÓN (federalismo). En todo caso, desde la partida de nacimiento de Venezuela como nación independiente (1811), ha estado presente la diatriba en torno a ceder o no mayor o menor grado de autonomía y competencias a la provincia, con respecto al poder nacional instalado en Caracas. A partir de hoy ofreceremos una serie de entregas, donde hacemos un recorrido en torno al tema donde, como siempre, las similitudes y coincidencias espantan, tal como lo señala el encabezado de nuestro blog. Esperamos sus comentarios y feedback.
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PRIMERA PARTE: "Venezuela nace mirando a Filadelfia"

No sólo los textos y los autores que inspiraron la ilustración y la Revolución Francesa circulaban entre los miembros de la elite criolla que inicia el proceso autonómico a partir del 19 de abril de 1810 y que se concreta con los sucesos de julio de 1811. Manuel García de Sena servía a comienzos del siglo XIX bajo las órdenes del Marqués del Toro en calidad de cadete en el batallón de milicias de los Valles de Aragua; pero no lo será por mucho tiempo, ya que emprende viaje a los Estados Unidos de América, específicamente a la ciudad de Filadelfia, donde residía uno de sus hermanos.

En 1810 emprendió la traducción al castellano de los textos de Thomas Paine, obra publicada en Filadelfia en 1811, bajo el título La Independencia de Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha, además de la de John M’Culloch, titulada Historia Concisa de los Estados Unidos desde el Descubrimiento de América hasta 1807. En esos años ejerce acción política a favor de la causa emancipadora en la dedicatoria que ofrece a los ‘americanos españoles’ en la traducción de la Historia Concisa de los Estados Unidos…, en la cual, exhorta a sus compañeros a continuar la lucha. (1)

La traducción del texto de Paine tendrá amplia difusión, no sólo en Venezuela sino en otras latitudes de la América hispanohablante, convirtiéndose en material de primera mano del patriciado que busca respuestas, que anhela un modelo a estudiar para darle forma a los nacientes estados independientes de España. Un elemento que resuena como demasiado tentador para los regionalismos imperantes en aquellos tiempos es el federalismo; “que para la mente de muchos venía como anillo al dedo”. (2)
Los testimonios de la época evidencian que el trabajo de García de Sena llega a manos de próceres de la talla de José De San Martín y José Artigas, quienes lo leen, lo recomiendan e, incluso, ordenan su impresión y difusión entre sus contemporáneos.

Así es que ya puede estar fuera de toda duda, que el ‘transmisor’ más importante de la doctrina federalista americana a Hispanoamérica fue el venezolano García de Sena. Sin dejarnos llevar por exageraciones –que en todo caso son irrelevantes- el hecho cierto fue que la alucinación del ejemplo del norte, nos llevó a un grave error de diseño de nuestro primer esfuerzo de arquitectura constitucional. (3)

Y precisamente, sobre esa “alucinación” con Norteamérica de la que hace referencia Olavarría, tiene que ver también el otro trabajo traducido por Manuel García de Sena, y cuya autoría corresponde a John M’Culloch, y a la cual ya hemos hecho mención con anterioridad. La llamada Historia Concisa de los Estados Unidos desde el Descubrimiento de América hasta 1807, también deslumbrará a los criollos venezolanos (y de seguro a buena parte de la América Española) y contribuirá a acrecentar el mito de los “Padres Fundadores” de la Unión de las trece colonias. El libro de M’Culloch expone las características de la sociedad y el Estado de aquella nación constituida en Filadelfia hacia finales del siglo XVIII, donde destaca los avances en las ciencias, las artes, la agricultura, los oficios más diversos y la artesanía; pero también la industria, el comercio libre y las ideas, con especial énfasis en la tolerancia religiosa. En fin, la antítesis de lo que viven, para comienzos de la décimo novena centuria, las colonias españolas en esta parte del Mundo.

La obra incluye como apéndice importantes documentos públicos correspondientes al nacimiento de la nación, cuyo contenido presenta argumentos igualmente difusores de modernidad. Son textos como la primera petición hecha por el Congreso al rey en 1774, la exposición de motivos que produjeron el alzamiento de los colonos, la Declaración de Independencia y el discurso de Washington al encargarse de la primera magistratura, los cuales, junto a argumentos abstractos que acreditaban la necesidad del cambio político, agregan una letanía de quejas contra los dislates de la administración colonial y contra los abusos de los funcionarios metropolitanos (…) muy llamativas para los criollos, que también se veían quejosos de la preponderancia de los empleados españoles, a quienes deseaban suplantar sus canonjías. (4)

Las seductoras noticias que llegan de la vida y, sobretodo, del éxito de la experiencia de los Estados Unidos de América aderezan cada vez más el debate que en 1811 se sucede en Venezuela sobre la inminente declaratoria de la independencia y el orden constitucional que deberá imperar en lo adelante. Las referencias no se limitan a Montesquieu, Voltaire o Rousseau, ni a la gesta parisina de julio de 1789; ahora existe un arquetipo para imitarlo o reproducirlo, y está en el mismísimo continente descubierto por Colón, que incluso puede dar un aliento para convencer a los pocos que aún titubean para estampar su rúbrica en el acta que sellará nuestra separación definitiva de Madrid.

El Norte de América, oprimido y vejado por Inglaterra, mayormente por los derechos impuestos por un acto del Parlamento en 1767 sobre los cristales, plomo, cartones, colores, papel sellado y té, hizo un sacudimiento casi igual al de Venezuela el 19 de Abril : la chispa del patriotismo y el deseo de la libertad prendió en todos los corazones, y aunque á los principios de su revolución se mantuvieron en un estado de ambigüedad, la Metrópoli le atacó con fuerzas extraordinarias, y á su impulso pareció iban á ser los americanos confundidos y arrollados. Una guerra tenaz de siete años agotó todos sus recursos : su deuda nacional alcanzaba á una cantidad enorme de 188.670,525 Libras : el comercio, la agricultura y la industria, todo estaba en un abatimiento lamentable ; en fin, parecía imposible que los americanos pudieran salvarse en esta lucha cruel y desigual. Pero la constancia, la energía, el patriotismo, el amor á la libertad y el desprendimiento público vencieron todos los obstáculos : el fuego de la independencia destruyó las empresas de los déspotas, y la heroica fortaleza de los americanos desbarató sus proyectos sanguinarios. Los Generales ingleses Clinton, Parken, Gage y Llowe, fueron rechazados y derrotados completamente ; y el inmortal Washington triunfó de las tropas europeas. Seis mil ingleses veteranos y aguerridos fueron obligados á rendir las armas en Saratoga á una porción de labradores sin disciplina ni experiencia militar, mandados por el dichoso Gates. Finalmente, después de una cruel alternativa, las armas de la libertad obtuvieron un triunfo completo, y la Gran Bretaña se vió precisada á reconocer á sus propios colonos por un Estado independiente, en virtud de los tratados de la paz de París en 1783. (5)

El abogado valenciano y futuro “cosiatero”(6) no es el único que evidencia una asidua lectura de las traducciones de García de Sena, que le permiten utilizar tan vasta información sobre el ideal norteño para argumentar sobre la necesidad de no retrasar la declaratoria emancipadora y colocar ante sus compatriotas una ensayo de país, que ha dejado de serlo para convertirse en esplendorosa realidad. En el Congreso que debate el futuro nacional, ocurre otro tanto:

En la mañana de este día, reunido el Congreso (…) Presentó el Señor Briceño las actas, y Constituciones de los Estados Unidos de 1778, para comprobar la reunión de poderes que entonces tuvo aquel Congreso, y la parte ejecutiva que por cierto tiempo comisionó á Washington. (7)

Otros utilizan el caso estadounidense para señalar que, siendo tan elevado su ejemplo y logros como país, Venezuela no está preparada para dar el gran paso, bien sea por al ausencia de una sociedad virtuosa, o como alerta Juan Germán Roscio: “Los Estados Unidos contaban con tres millones de habitantes cuando declararon su independencia, y nosotros apenas tenemos uno : esta duda es la única que creo queda en pie contra la independencia”. (8)
Pero frente a tal señalamiento, y siempre con la vara estadounidense, el futuro Generalísimo Francisco de Miranda, replica que…

…quando los Estados Unidos de Norte América perfeccionaron su grande é inmortal empresa, no contaban con los tres millones de habitantes de que ántes se había hablado, pues el número de esclavos solamente ascendía á quatrocientos mil : que su territorio ademas de esto era dos veces más extenso que el nuestro como lo manifestaban sus principales ciudades, donde sin embargo no había más luces é ilustración que en la de Caracas. (9)

Pero sin duda, lo que más coloca en sintonía a la aristocracia criolla con las crónicas que García de Sena trae de las otrora trece colonias es el sistema federal imperante, que va a satisfacer las pretensiones de autonomismo provincial que Venezuela hereda de la colonia, y los firmantes del acta de independencia no lo dejan pasar por alto en la partida de nacimiento de la nueva república:

Nosotros pues, á nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo, que sus provincias unidas, son y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes ; y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la corona de España, ó de lo que se dicen ó dijeron sus apoderados ó representantes… (10)



Si un “texto sagrado” como éste ya da los primeros asomos de federalismo, no es difícil predecir qué consagrará, en definitiva, la Constitución que se discutirá y sancionará posteriormente. Y es que los representantes de las provincias se inclinarán hacia la “necesidad de implantar un sistema político federal, ya que éste satisface las tendencias autonomistas de las diversas entidades políticas del interior, con respecto a Caracas”.(11) Y, como ya señalamos, no era nada nuevo, pues se trata de una tendencia localista que “responde a una determinada estructura del territorio venezolano que tiene sus raíces en el período de la dominación hispánica”. (12)
En pocas palabras “el caudillismo político regional venezolano (…) encontró entonces consagración formal en el primer texto constitucional, que garantizaba el poder de la aristocracia regional sobre sus regiones, frenando la hegemonía de la capital tradicional [Caracas]”.(13) Lo más irónico es que, con la configuración de un triunvirato como Poder Ejecutivo, dentro del esquema federal, los constituyentes de 1811 querían evitar los peligros que podía representar al naciente estado “una autoridad fuerte y central y, más aún (…) la hegemonía natural de Caracas, lo que provocó inclusive que la ‘Ciudad Federal’ (…) se ubicara en la ciudad de Valencia”.(14)
Es así como en el propio título preliminar de la Ley Fundamental, la primera de Venezuela y de la América Española, sancionada el 21 de diciembre de 1811, contempla que:

En todo lo que por el Pacto Federal no estuviere expresamente delegado a la Autoridad general de la Confederación, conservará cada una de las Provincias que la componen su Soberanía, Libertad e Independencia; en uso de ellas tendrán el derecho exclusivo de arreglar su Gobierno y Administración territorial bajo las leyes que crean convenientes, con tal que no sean de las comprendidas en esta Constitución ni se opongan o perjudiquen a los Pactos Federativos que por ella se establecen. Del mismo derecho gozarán todos aquellos territorios que por división del actual o por agregación a él vengan a ser parte de esta Confederación cuando el Congreso General reunido les declare la representación de tales o la obtengan por aquella vía y forma que él establezca para las ocurrencias de esta clase cuando se halle reunido.(15)

Desde su génesis republicana, el fantasma o “fetiche” del federalismo, como llaman algunos, estará presente en la historia de Venezuela y, como veremos más adelante, servirá de excusa para un siglo entero de horror, sangre e inestabilidad institucional; y peor aún, para que se enquiste el personalismo y la acción caudillista como única forma de hacer política y llegar al poder. Aún así, la Constitución Federal de 1811, deja algunos vacíos, propicios para sobreentendidos y malas interpretaciones, y en el peor de los casos, caldo de cultivo de ambigüedades. No hay duda, principalmente el patriciado provincial, vuelve a sus feudos luego de las sesiones que dan como resultado la Carta Magna, seguros de haber logrado un texto que consagra la federación y, por lo tanto, la autonomía necesaria para reinar a sus anchas, como bien lo hacían desde tiempos coloniales, pero ahora sumándole al poder económico, el poder político. Sin embargo, el artículo 108 de la Constitución del año 11, señala:

Los Poderes Ejecutivos provinciales o los Jefes encargados del Gobierno de las provincias, serán en ella los agentes naturales e inmediatos del Poder Ejecutivo federal para todo aquello que por el Congreso General no estuviere cometido a empleados particulares en los ramos de Marina, Ejército y Hacienda nacional en los puertos y plazas de las provincias.(16)

¿Confederación, pero se es “agente” del poder central? ¿A qué se jugaba o cuál era la dualidad? Si bien, como antes señalamos, estaba el temor en torno a que surgiera un “mandamás”, un “reyezuelo” en momentos en que se quiere un divorcio de todo lo monárquico, de todo lo español, pareciera que algunas voces alertaron (como Miranda) que una plena autonomía regional, en tiempos de guerra, nos llevaría –como finalmente ocurrió- al desastre. Sin embargo, el federalismo era una decisión que desde antes de la firma del Acta de Independencia, y más aún, previo al Congreso Constituyente de 1811, ya se daba como un hecho, como un derecho, y para muchos, como una “necesidad” (y hasta condición) para que la emancipación ocurriese. Y es que la “palabra ‘agente’ implica una subordinación indudable, lo cual choca con la ortodoxia federal”.(17)
El espejismo queda plasmado además, con disposiciones que limitan la acción de las regiones, como la imposibilidad de aliarse entre sí o tener tropas para los tiempos de paz; de hecho, no podían declarar la guerra, sino “defenderse” de alguna agresión foránea. Tampoco podrán hacer tratados con potencias extranjeras; todo lo cual será potestad del Ejecutivo Central. Por si fuera poco, el Poder Legislativo podía revisar las leyes internas de cada Provincia. La ambigüedad de la que hablamos se pone en evidencia ya que, “si bien la caracterización inicial corresponde a una Confederación, al mismo tiempo se crea una autoridad general que limita la soberanía e independencia de las provincias”.(18)
Lo que sí no se hizo esperar fue el debilitamiento de la Provincia de Caracas, debido a su división, para así los valencianos obtener un territorio propio e, inclusive, detentar la condición de capitalidad, a pesar de su posición tan vulnerable (como al final ocurrió con su caída a manos realistas) frente al enemigo. El mismo día de la firma del Acta de Independencia, mucho antes de ser sancionada la Constitución, los ímpetus para repartirse territorios resonaban como impertinentes, cuando está en juego un asunto de mayor trascendencia.(19)
Entre lo que es el deseo de las oligarquías locales y lo que de manera un tanto confusa queda plasmado en la Ley Fundamental de 1811, aparece la Sección Cuarta del Capítulo V, “Mutua garantía de las provincias entre sí”, artículos 133 y 134:

El Gobierno de la Unión asegura y garantiza a las provincias la forma de gobierno republicano que cada una de ellas adoptare para la administración de sus negocios domésticos, sin aprobar Constitución alguna provincial que se oponga a los principios liberales y francos de representación admitidos en ésta ni consentir que en tiempo alguno se establezca otra forma de Gobierno en toda la Confederación (…) También afianza a las mismas provincias su libertad e independencia recíprocas en la parte de su soberanía que se han reservado, y siendo justo y necesario, protegerá y auxiliará a cada una de ellas contra toda invasión o violencia doméstica con la plenitud de poder y fuerza que se le confía para la conservación de la paz y la seguridad general, siempre que fuere requerido para ello la Legislatura provincial o por el Poder Ejecutivo cuando el Legislativo no estuviere reunido ni pudiere ser convocado.(20)

¿Federalismo “tutelado”? ¿O el “Gobierno de la Unión” se encarga de mantener, bajo control, esa ilusión autonomista, por el bien del naciente Estado? ¿O es que los feudos regionales desean mantener el fetiche, pero sin correr –por sí solos- los riesgos que implica darse su propio régimen gubernativo? Algo que es interesante en todo el proceso que va desde el 19 de abril de 1810, hasta el 21 de diciembre de 1811, cuando queda sancionada la “Constitución Federal”, es que el nuevo entramado de leyes prácticamente se lleva por delante la “caja de resonancia” de las localidades, el reducto o desahogo de ese patriciado criollo que pretende desplazar a los peninsulares del control del país: Los Ayuntamientos.
Se busca una especie de metamorfosis o una elevación de lo que han sido en los últimos doscientos años la fuerza del Cabildo, con las atribuciones que ahora poseen las Provincias en el inicio del proceso independentista. Pero en 1811, las municipalidades quedan muy reducidas a tareas de tipo electoral, como la calificación debida para los sufragantes parroquiales, quienes debían “poseer una propiedad libre con valor mínimo de tres mil pesos, según sean solteros o casados, o vivan en ciudades del interior o en Caracas…”.(21)
Fueron, irónicamente, los Cabildos donde la emancipación tomó cuerpo, al calor del debate de las elites, pero en la “Primera República”, se limitan a “convocar (…) las asambleas, primarias y electorales, y todas las demás que resuelva el gobierno de su provincia. En estas elecciones se escogen los diputados a la Cámara de Representantes y las Legislaturas Provinciales”.(22)
Pero la muerte estaba cerca, no sólo para miles de personas, republicanos o monárquico, peninsulares o americanos, sino del propio texto que pretendía echar las bases de un nuevo Estado. Sólo cuatro meses, desde el 21 de diciembre de 1811, hasta el 23 de abril del año siguiente tendrá “vigencia”, si cabe el término, la Constitución pionera de la América Española; fecha cuando el Secretario de Guerra de la Unión, José de Sata y Bussy, comunique al más universal de los venezolanos para ese entonces, Teniente General Francisco de Miranda, que:

Acaba de nombraros el Poder Ejecutivo de la Unión, general en jefe de las armas de toda la Confederación Venezolana con absolutas facultades para tomar tantas providencias juzguéis necesarias a salvar nuestro territorio invadido por los enemigos de la libertad Colombiana; y bajo este concepto no os sujeta a ley alguna ni reglamento de los que hasta ahora rigen estas Repúblicas, sino que al contrario no consultareis más que la ley suprema de salvar la patria; y a este efecto os delega el Poder de la Unión sus facultades naturales y las extraordinarias que le confirió el 4 de este mes, bajo vuestra responsabilidad.(23)




La Ley de Leyes, pensada según el arquetipo de las sociedades más avanzadas y modernas de su época, Estados Unidos de América y Francia, sucumbe ante el desesperado intento por salvar la república, con una “dictadura necesaria”, la primera por lo demás en Venezuela. Así que en menos de un año, nos hicimos independientes, proclamamos una “Confederación”, bajo el presunto signo de las autonomías regionales, para luego concluir el sueño en la pesadilla de un régimen legal derogado por las circunstancias de la guerra.
Pero el federalismo hará una “breve pausa”, y nada más. Aún, en los momentos más difíciles de la contienda bélica, su fantasma aparece para la medición de fuerzas entre los integrantes de la nueva casta que surge a la sombra de la independencia: los caudillos militares.
Los hombres que dan el gran salto hacia la emancipación nacional en 1811, quizás obviaron –entre tantos aspectos- un elemento clave en su afán por imitar o parecerse a la exitosa sociedad norteamericana y su régimen federal. Cuando las trece colonias aprueban su carta magna (1787) ya han pasado once años de la firma de su independencia, ha terminado una guerra que ganaron e, incluso, Inglaterra (la Metrópoli vencida) las reconoce como soberanas. Nada más distante que la realidad vernácula, donde todo iba en sentido contrario.

REFERENCIAS:

(1) Mireya Sosa de León. “Manuel García de Sena y Silva”. En: Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 1988, Tomo II, p. 256.

(2) Jorge Olavarría. Dios y Federación. Caracas, Fundación Nueva República, 1988, p. 130.

(3) Ídem.

(4) Elías Pino Iturrieta. La mentalidad venezolana de la emancipación, 1810-1812. Caracas, Bid & Co. Editor, 2007, p. 160.

(5) Miguel Peña. “Discurso de un Miembro de la Sociedad Patriótica, el Dr. Miguel Peña, leído en el Supremo Congreso el día 4 de julio de 1811”. En: José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. (compiladores) Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador. Caracas, Comité del Bicentenario de Simón Bolívar, 1978, Tomo III, Nº 568, p. 141.

(6) En la era grancolombiana Miguel Peña será un activo antibolivariano y pieza fundamental en el movimiento desatado en 1826 conocido como “La Cosiata” y, por lo tanto, gran aliado del General José Antonio Páez.

(7) Congreso General de Venezuela. “Sesión del día 4 de julio de 1811 para continuar tratando la declaratoria de independencia”. En: José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. (compiladores) Ob.cit., Tomo III, Nº 570, p.144.

(8) Congreso Constituyente de Venezuela. “Sesión del 5 de julio de 1811 para continuar tratando la declaratoria de independencia”. En: José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. (compiladores) Ob.cit., Tomo III, Nº 571, p.150.

(9) Ídem.

(10) “Independencia de Venezuela – Acto del Congreso General declarando la independencia absoluta”. En: José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. (compiladores) Ob.cit., Tomo III, Nº 584, p.172.

(11) Catalina Banko. Las luchas federalistas en Venezuela. Caracas, Monteávila Editores, 1990, p. 22.

(12) Ídem.

(13) Allan R. Brewer Carías. (Compilador). Las Constituciones de Venezuela. Madrid, Coedición de la Universidad Católica del Táchira, Instituto de Administración Local y Centro de Estudios Constitucionales Madrid (España), 1985, p. 23.

(14) Ídem.

(15) “Constitución Federal para los Estados de Venezuela de 1811”. En: Allan R. Brewer Carías (compilador). Ob.cit., p. 181.

(16) Ibídem, p. 192.

(17) Jorge Olavarría. Ob.cit., p. 81.

(18) Catalina Banko. Ob.cit., p. 31.

(19) Protestó el señor Peñalver y apoyó el señor Alamo que este era el tiempo más propicio para declarar la división de Provincias; y habiéndose discutido la materia se acordó en fin que se pusiese una reserva en la moción pendiente sobre el particular. Congreso General de Venezuela. “Sesión del 5 de julio por la tarde para acordar el acta de declaratoria de la Independencia”. En: José Félix Blanco y Ramón Azpúrua. (compiladores) Ob.cit., Tomo III, Nº 572, p.156.

(20) “Constitución Federal para los Estados de Venezuela de 1811”. Ob.cit., p. 195.

(21) Julio Castro Guevara. Esquema de la evolución municipal en Venezuela. Caracas, Fondo Editorial Común, 1968, p. 62.

(22) Ídem.

(23) “Poderes extraordinarios conferidos al Generalísimo por el Poder Ejecutivo en 1812”. En: Allan R. Brewer Carías (compilador) Ob.cit., p. 207.

lunes 5 de enero de 2009

MIRANDA: víctima de los recelos y las "cuentas por cobrar"


Francisco de Miranda es el vivo retrato de aquel dicho: “nadie es profeta en su tierra”, y menos para una persona que tiene 40 años lejos de su país, y vuelve con una realidad totalmente distinta. La primera intentona independentista de Miranda ocurre con la expedición el "Leander" en 1806. Lo más irónico es que el precursor tendrá dos enemigos: el primero y natural, son las autoridades españolas que desean mantener el orden establecido. El otro enemigo es insólito, porque son los blancos criollos, quienes luego en 1810 y 1811 proclamarán la independencia. Pero los recelos de casta y sangre con Miranda en 1806 harán que no le brinden ningún apoyo y en cambio colaboren con las autoridades coloniales. El mantuanaje hasta le compondrá una copla burlona al Generalísimo: "A ese vendido, al inglés…, con zarcillo en la oreja, y su melena de vieja, todo le sale al revés" (1)
Una de las principales razones del recelo de la rancia aristocracia caraqueña, era que Miranda "no era uno de ellos". El Generalísimo provenía de una familia de esas que llaman "blancos de orilla", de canarios que se asentaron en Venezuela en la etapa final de la colonia. De allí que Miranda no tenía esa prosapia, limpieza de sangre ni linaje que sí exhibían los Ribas, Palacios, Bolívar o los Toro. Las fricciones entre los mantuanos y el héroe de Francia, fue uno de los motivos del fracaso del primer intento republicano, en 1812.


Referencia:

(1) Edgardo Mondolfi Gudat. Miranda en ocho contiendas. Caracas, Fundación Bigott, 2005

martes 4 de noviembre de 2008

Cuando Caracas fue soñada como una París tropical

Proyecto del Plan Monumental de Caracas, 1939


A finales de la década de los años ’20 del siglo pasado, Venezuela experimenta el boom petrolero que cambia por completo su económica, y se traduce en mayores ingresos para las cuentas nacionales. Paralelamente, surge una nueva clase pudiente, que logra un mejor estatus social. La Caracas tradicional se queda pequeña para las nuevas fortunas, pero también para la clase media emergente, y los sectores populares que crecen debido al éxodo del campesino al capital. Cuando muere el dictador Juan Vicente Gómez y llega al poder el General Eleazar López Contreras, Caracas está al borde del colapso urbano.
Se plantea con urgencia una renovación, y comienzan a plantearse diversas propuestas y alternativas. Con el decidido empeño del Gobernador del Distrito Federal, Elbano Mibelli, se impone la tesis urbanística francesa, impulsada por Maurice Rotival. Es así como en noviembre de 1939, las autoridades presentan el “Plan Monumental de Caracas”, cuya eje principal es la construcción de una “Gran Avenida Central”. Con el paso de los años el plan original se modifica en algunos aspectos y se modifica en muchos otros, pero de aquella idea quedó para la posteridad lo que hoy conocemos como la Avenida Bolívar.

Les Champs-Élysées desde el calvario hasta los caobos

La necesidad de la renovación urbanística de Caracas no surgió de la noche a la mañana, ni por la sorprendente imaginación de Maurice Rotival y su equipo. Mientras Gómez mantenía casi abandonada a la capital, algunos visionarios –nacionales y extranjeros- exponían sus ideas sobre lo que podía ser la ciudad del futuro.
El abogado y arquitecto Ramiro Nava, llamado por sus contemporáneos como el “Julio Verne venezolano”,(1) lanza su plan “Bloque de Oro” a comienzos de 1936, con propuestas relativas viviendas de interés social, pero luego vendrá su “Plan Ramironava”, de connotaciones más fantásticas y ambiciosas.

A fin de unir la ciudad con el litoral caribeño (…) preveía la construcción de la “Bahía de Caracas”, mediante la excavación de un canal de diez kilómetros de largo y doce metros de profundidad “parecido al Canal de Panamá”, y atravesado por un “subwai” (sic) que comunicara la Plaza Bolívar con el océano en un santiamén (…) Provista de casinos, cabarets, “dancings”, “Coney Islands” y “ferriboats” (sic), entre otros atractivos turísticos, la bahía caraqueña recrearía fácilmente “el encanto de un ancho Canal Veneciano”. (2)

Nava hace una propuesta de marcado signo estadounidense, que ya es la potencia extranjera que de manera paulatina (gracias al petróleo) ha comenzado a dejar sentir su influencia en Venezuela. El hombre de la Venecia tropical también hace alusión a la necesidad de una “Gran Avenida Bolívar” que recorra toda la ciudad; pero en su caso la idea de parece más a lo que hoy conocemos como la autopista Francisco Fajardo, por su alcance y objetivos.
Sin embargo, la Avenida Bolívar no era otra de las invenciones de las fantasías de Ramiro Nava. Hacia 1924 el conocido promotor urbanístico, Luis Roche, habría lanzado al debate público algunas propuestas donde va se mencionaba una gran arteria vial dedicada al Padre de la Patria. Roche la ubicaría hacia el centro de Caracas, con un paseo monumental al estilo parisino en El Calvario, para recordar el Arco de Triunfo de la capital gala.
A diferencia de Nava, ya influenciado por los nuevos aires norteamericanos, Roche mantiene la tradición del guzmanato: viendo hacia Francia.
Tiempo después se une al debate urbanístico el inmigrante español, Rafael Bergamín, rescatando la idea de la Avenida Bolívar como eje de lo que debía ser la renovación de Caracas, recomendando la ampliación de la ya agotada cuadrícula colonial. Bergamín también mira (como era de esperarse) al viejo continente, y aunque hace algunas referencias a su España natal, una vez más Francia surge como el mejor ejemplo a seguir.
De todo lo anterior se deduce que el diagnóstico estaba hecho, que nadie ponía en duda el caos en que se hundía Caracas, y que las medidas debían ser tomadas con prontitud. Adicionalmente, las ideas son abundantes, por lo que el proyecto que está por gestarse en los primeros años del gobierno lopecista, ha encontrado tierra abonada.


Así era el Palacio Legislativo ideado por Rotival


Ver el “Plan Rotival” como un hecho aislado, como panacea iluminada de última hora para la Caracas “caótica” de 1939, sería caer en la trampa de ese insidioso mito tercermundista, de filiación positivista, el cual reza que cualquier impulso de cambio y desarrollo sólo será plausible siempre y cuando se conciba ajustado a los dictados teóricos en boga en los países desarrollados y, mejor aún, si es refrendado por alguna luminaria foránea. Aquella Caracas de los años veinte y tempranos treinta [del s. XX](…), aquella de los techos rojos cantada por cronistas nostálgicos, ya llevaba en su seno –mucho antes del “Plan”- el germen de cambio, la mutación y la “modernización”.(3)

Sin embargo, por sobre todas las anteriores, habrá una propuesta que –al menos en la teoría- se impondrá a las utopías de Ramiro Nava, el expansionismo de Roche o las recomendaciones de Bergamín para salir de la cuadrícula. Ese plan tendría sello francés, pero no sólo por inspiración o imitación, sino por la efectiva presencia de renombrados urbanistas galos contratados por el gobierno del Distrito Federal.
La historia comienza en 1936, cuando Maurice Rotival y Jacques Lambert buscan apoyo en los representantes diplomáticos de Francia en Caracas(4) para entrar en contacto con el gobernador de turno, Elbano Mibelli, y así hacerle la propuesta de un plan de urbanismo para la ciudad capital.
Pero había un nexo, más allá del diplomático o comercial, que conectaría a Rotival con la planificación urbana caraqueña, y es su relación personal con el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, debido a los viajes que por motivo de estudio, realizaba el creador del Museo de Bellas Artes a Francia.
Décadas después, el propio Rotival lo recordaría en estos términos: “…yo estaba en contacto con el arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva, a quien había conocido en París. Por ello me trasladé a Caracas y tracé los planes de su modernización”.(5)
El proceso para la concreción del “Plan Monumental de Caracas” puede inscribirse dentro de un nuevo episodio del progreso material propiciado por la bonanza petrolera, junto con serios indicios de penetración capitalista y, más aún, de las rivalidades entre una potencia emergente y otra en decadencia.

Maurice Rotival en una visita a Caracas en 1975



Dinero había; necesidad de desarrollar las oportunidades que podía ofrecer el mercado inmobiliario para invertirlo, también; no faltaban los emprendedores personajes de prestigio interno y vínculos externos con ideas de modernidad en sintonía con las urgencias expansivas del mercado europeo de obras públicas. La muerte de Juan Vicente Gómez en diciembre de1935 fue el catalizador que abrió las compuertas, tanto de la vida política como de la económica. (6)


Ese dinero (petrodólares como le llamaríamos hoy) y ese mercado era una jugosa tajada que no querían perderse los franceses, como tampoco los estadounidenses que intentaban imponer sus modos y costumbres, frente a la tradición europea reinante desde el siglo XIX.
Es así como el representante comercial de un importante consorcio de la construcción francés(7) hace intenso lobby con el Gobernador de Caracas, Elbano Mibelli, llegando incluso al colmo de la indiscreción periodística y revelar los entretelones de las negociaciones. Todo con el objeto de evitar que empresas norteamericanas se hicieran con un futuro contrato de ordenamiento vial de la ciudad.
“La presencia de norteamericana confirmaba que Francia, con una situación económica interna deprimida y la demanda de su imperio congelada, veía declinar, también, su cuota en el mercado internacional de obras públicas a expensas de Estados Unidos”.(8)
Pero la intervención del embajador francés en Caracas, Armand Barois, zanja los inconvenientes, y la Gobernación del Distrito Federal acepta la misión de urbanistas galos conformada por Maurice Rotival, Jacques Lambert y Henri Prost, y en abril de 1938, luego de conformar la Dirección de Urbanismo capitalino, se firman los respectivos contratos. Otros nombres, ya conocidos y de prestigio en su época, estarán al frente de la nueva instancia local, asesorados por los franceses. Serán ellos: Carlos Pardo Soublette, Enrique García Maldonado, Pedro Pablo Azpúrua, Carlos Guinand, Gustavo Walis y Carlos Raúl Villanueva.
En noviembre de 1939, el “Plan Monumental de Caracas” aparece publicado en la Revista Municipal del Distrito Federal, ofreciendo la capital del futuro. El diagnóstico es casi apocalíptico. ¿Estrategia del terror, para lograr una rápida adhesión al proyecto?:

El desplazamiento de las ciudades es un fenómeno constante cuando los trabajos de acondicionamiento no han sido realizados a tiempo. Este movimiento vicioso trae por consecuencia la dispersión de los centros actividad y la obstrucción de las vías estrechas de comunicación en donde el creciente tráfico no puede, luego, organizarse y tiende, asimismo, a diseminar los valores inmuebles haciendo por tanto confusa la comprensibilidad económica del plano de la Ciudad. En este caso la Ciudad tradicional aparece amenazada de muerte, y si las mejoras no se efectúan rápidamente surgirán, allí donde las restricciones sean más débiles nuevos centros urbanos. En Caracas, particularmente, es hacia el Este, hacia Los Caobos y la Plaza Mohedano que la ciudad tiende a desplazarse. Esto traerá por resultado una rápida desvalorización de toda la ciudad actual. (9)

Como ya lo venían alertando otros entendidos y especialistas en la víspera, la cuadrícula colonial ya estaba rebasada por 6.013 vehículos que tenía la ciudad en 1936(10) con un crecimiento anual del 30%, que lleva la cifra a más de doce mil autos para el momento en que se expone el presente “Plan”.(11)
De allí que la vialidad, irremediablemente, esté en el centro del proyecto que está ahora disponible para el debate público, y entre sus líneas directrices, figura la construcción de nuevas arterias y el mejoramiento de otras. ¿Cuáles son entonces las prioridades del “Plan”?

1º Solucionar el problema del tráfico mediante avenidas capaces de absorber la masa total de vehículos, creando así una amplia circulación Este-Oeste y, abriendo, al mismo tiempo las diagonales necesarias. 2º Encausar el sentido principal de la circulación por medio de una avenida central que, por sus proporciones y las fachadas de sus edificios dé a la Ciudad un aspecto monumental imprimiéndole un carácter especial. 3º Crear plazas monumentales en donde el tráfico se reparta fácilmente y el movimiento del público pueda ser ordenado durante las grandes festividades. 4º Crear paseos, que en la actualidad no existen, acondicionando razonablemente las nuevas avenidas y las plazas y construyendo nuevos parques. 5º Determinar los terrenos para la construcción de los nuevos edificios oficiales: Capitolio, Ayuntamiento, Ministerios, Mercados, Escuelas, etc. 6º Levantar, de acuerdo con el trazado de avenidas y calles, un plano claro y comprensible de zonas que permitan a la iniciativa privada hacer sus inversiones en inmuebles, con la seguridad y garantía de una valorización de los barrios de la Ciudad. Proveer zonas comerciales e industriales.(12)

El Gobernador Mibelli "vende" el Plan Rotival en el cine


Reaparece la vieja idea de la “Avenida Central”, como eje para el resto de los desarrollos previsto por el “Plan”, y se introducen elementos novedosos, como la idea de regular (quizás “sincerar” por vía de la normativa legal) el caso de expansión urbanística que venía siendo denunciado, en momentos en que la proliferación de nuevas urbanizaciones hacia el noreste se realiza sin la debida planificación, ni en conjunto con las autoridades oficiales.
Ahora bien, esta “Avenida Principal” debía lograr su más perfecta ubicación. Se piensa en una simétrica propuesta, aprovechando el vértice en el cual se encuentra la vía proveniente del oeste, desde Catia, que a la vez comunica con La Guaira y aquella que se remonta desde el suroeste, desde Antímano, y que al mismo tiempo comunica a Caracas con el occidente y Colombia.
Una “V”, que luego debe prologarse como una “Y” cuando la Avenida Central sea una realidad.

El cruce de estás dos vías se efectúa precisamente en el eje Este-Oeste de El Calvario, entre las esquinas de El Silencio y El Aserradero. Este cruce determina el trazado del eje del plano. En efecto: desde ese punto se puede trazar una Avenida Principal hacia el Este. Dos soluciones se ofrecen para la realización de esta obra: ensanchar la calle Este-Oeste 6, o, tomando como eje el de las manzanas comprendidas entre las calles Este-Oeste 6 y 8, cortar estas manzanas por el medio hasta el Parque Los Caobos. Ensanchar la avenida Este-Oeste 6, parece, en principio, una solución más económica; pero desgraciadamente la verificación del alineamiento demostró que su eje está desviado en varios puntos, quedando por lo tanto el ensanche limitado casi a un solo lado, ya que la Universidad Central fija el alineamiento Norte. Materialmente es imposible imponerle a los propietarios del lado respetado la reconstrucción de los viejos inmuebles a fin de obtener una avenida arquitectónicamente homogénea. No obstante que las viejas edificaciones adquirirán un gran valor, la práctica demuestra que los propietarios nunca están dispuestos a reconstruirlos, limitándose, por lo general, a modificar las tiendas o almacenes. Tal fue lo ocurrido en los Campos Elíseos, después del gran auge que adquirió esta avenida en 1930. Los antiguos edificios, muchos de los cuales contaban con más de cien años de haber sido construidos, sufrieron reformas a fin de modernizar sus plantas bajas para instalar en ellos tiendas y almacenes lujosos. El resultado no pudo ser más deplorable (…) Si se hubiera optado por esta solución la Ciudad de Caracas tendría una avenida cuyo lado Sur sería rectilíneo, muy moderno y con grandes fachadas, mientras el lado Norte hubiera conservado una serie de pequeñas fachadas estrechas y mal alineadas (…) En consecuencia (…) se adoptó la segunda solución que consistía en demoler todas las manzanas comprendidas entre las calles Este-Oeste 6 y 8. (13)

La Avenida Central es la primera obra “indispensable” que contempla el “Plan”, de 2.200 metros de largo y 30 de ancho, con tres plazas monumentales de principio a fin, con su unión de dos diagonales con las vías hacia La Guaira y Antímano, respectivamente. Hacia el este, otras dos diagonales, hacia el Guaire y la Plaza Mohedano.
La colina de El Calvario se perfila como un “lugar estratégico” que domina toda la ciudad. En lo más alto Rotival propone la construcción de un monumento al Libertador Simón Bolívar. Con una coincidencia con la idea de Luis Roche de 1924, el francés es muy oportuno con los vientos de patriotismo apologético que desde hacer varias décadas vive el país, y que encuentran en el presidente López Contreras un decidido promotor del culto y la devoción colectiva.(14)
Otro aspecto importante es el traslado paulatino de todos los órganos del poder público (empezando por el Ejecutivo y el Legislativo) al eje que conformará la Avenida Central proyectada. “A los pies” del monumento al Libertador estaría el nuevo Congreso Nacional, con una gran plaza en la “Y” donde convergen la vía de Catia y occidente y nace la Gran Vía Central.
Vialidad y monumentalidad, una suerte de Campos Elíseos desde El Calvario hasta Los Caobos, porque la referencia es la Ciudad Luz:

La ciudad de París, después de la urbanización de Hausmann, quien hacia el año 1868, hizo de ella una ciudad excepcionalmente moderna, se transformó en uno de los centros principales de turismo y desde entonces cada día es mayor el número de visitantes, pudiéndose calcular que en el curso de los últimos treinta años su sostenimiento y desarrollo ha sido totalmente cubierto por las entradas provenientes por ese respecto. En Caracas puede ocurrir lo mismo; pero para ello es necesario que se ejecuten con voluntad y perseverancia una serie de trabajos indispensables, a fin de que pueda ser clasificada en el número de las grandes capitales de América. Una vez que esos trabajos preliminares sean ejecutados, el desarrollo de la Ciudad se realizaría automáticamente mediante el esfuerzo exclusivo de la iniciativa privada.(15)

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Rotival se marcha de Venezuela, y al poco tiempo el país cambia de gobierno y asume la presidencia el general Isaías Medina Angarita. Los últimos “amores” de la Tierra de Gracia con el estilo europeo parecen desvanecerse y un “american way” toma por asalto definitivamente a los venezolanos.
No han pasado ni dos años del lanzamiento del “Plan”, cuando la Gran Plaza Monumental en la “Y” de El Calvario y el Congreso, salen del trazado original, para dar paso a la “Reurbanización de El Silencio”.
“Sobre el proyecto Monumental de Rotival, que propone la exaltación de los inmuebles gubernamentales, Villanueva propone un espacio para el encuentro cívico, para la gente. Villanueva tiene ahora mayor interés por lo social y prefiere trabajar para el gobierno”(16). En 1946, Maurice Rotival regresa al país, y cae en cuenta que su “Plan Monumental de Caracas” no será lo que él dejó antes de partir a la contienda bélica. Sin embargo, expresa su satisfacción por lo que se ha desarrollado, y por los cambios que no considera del todo negativos a lo que un día soñó, junto a otros compatriotas y profesionales venezolanos de primera línea:

Del plan director de Caracas establecido en 1939, se han mantenido las líneas generales la conjunción en forma de V de las dos vías principales del Oeste, la que viene del puerto de La Guayra adosada a los flancos del abismo de la quebrada Tacagua, y la que viniendo de Colombia, los Andes y Valencia sigue el Valle del Guaire, conduce a fijar en el centro mismo de la ciudad el eje ya marcado por la rocosa nervadura andina (…) Pero lo que se ha sometido a proporción es la Plaza Urdaneta [hoy Plaza O’Leary], la cual Villanueva disminuyó quitándole una parte de su objeto que era la circulación y reduciéndola a una escala más humana (…) En Caracas se tiene la impresión de que el plan de urbanismo y la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva han tenido buen éxito al crear sólidamente este cuadro latino de la ciudad, cuya amplitud puede sobrepasar el sentido que los americanos del Norte desean generalmente dar a una importante realización de habitaciones baratas (…) ¿Por qué construir avenidas monumentales para una clase social que prefiere habitar a veinte kilómetros de allí, cerca de sus campos de deporte, en medio de parques y jardines? El Banco Obrero ha comprendido justamente eso, y Carlos Raúl Villanueva ha sabido adaptar al esqueleto de la ciudad moderna los grupos de habitaciones baratas que son uno de los motivos principales del plan.(17)


El único detalle es que esas “habitaciones baratas” a las que hace mención Rotival, no estarían ubicadas en el lugar escogido por el gobierno medinista. Precisamente una de las más frecuentes críticas en la propia época de discusión y diseño del “Plan Monumental de Caracas”, era justificar un proyecto de esa magnitud y características, cuando la ciudad y sus sectores menos favorecidos económicamente tenían necesidades más importantes que satisfacer. Pero Rotival y su equipo insistieron en unos Campos Elíseos a la criolla, por las justificaciones dadas anteriormente: de las primeras obras e inversiones por parte del Estado, el resto se desarrollaría “sólo”, gracias a la iniciativa privada.
Lo que sí será una constante del “Plan” es la culminación de la Gran Avenida Central, definitivamente bautizada como “Avenida Bolívar” y que estrenará una primera etapa en el año nuevo de 1950. A lo largo de más de medio siglo, los usos de sus adyacencias han variado, y los planes también. Se podría decir que se conserva en parte la idea de Rotival de concentrar edificios públicos, con el levantamiento del Centro Simón Bolívar (Centro Cívico) y con el paso de los años, las inmensas Torres de Parque Central. Ambos complejos han albergado organismos oficiales y no pocos ministerios.

Ahora bien, no han faltado las críticas a la misión francesa en Caracas y la propuesta del Plan Monumental de 1939. El rosario de acusaciones contra Rotival y su equipo transcurren entre aspectos muy técnicos, propios de urbanistas y arquitectos, pero también de tipo económico, social y político.
No es finalidad nuestra hacer ahora una retrospectiva o listado completo de la forma en que se torpedeó el “Plan”, pero a manera de ejemplo tenemos que “…desde el comienzo, el destino de la Avenida Central parece haber sido su ambivalencia entre monumentalidad y modernidad, destino grabado por sus efectos funcionales y segregativos.”(18)

Un largo decorado en el centro de capital sin mucha funcionalidad.
Por otra parte: “… Caracas quedó escindida en dos mitades: el norte captó la mayor parte del dinamismo de la capital petrolera, mientras que el sur se estancó económicamente y deterioró socialmente”.(19)
Otros hablan de un “estilo europeo imperial”(20) y de la forma impropia en que fuese “impuesto” a los franceses y el “Plan Monumental” sin un concurso dentro y fuera del país, sólo preocupado por el centro de la ciudad, mientras la urbe avanzaba de manera vertiginosa hacia el Este:

(…) importamos un urbanismo colonial, con unos años de atraso, descontinuado como las tecnologías; el urbanismo que Francia exportaba a sus colonias para asegurar el imperio: ciudad europea y ciudad indígena; presencia arquitectónica urbana del poder colonial para conminar; eficiencia administrativa de la ciudad. Proyecto de renovación urbana o plan de desarrollo urbano en un debate que sigue hasta nuestros días pero que en nuestro caso, y desde la Caracas de 1939, no ha abandonado la preeminencia del primero, cada vez que M. Rotival ha intervenido en el asunto. Siempre nos preguntaremos si tocamos la puerta equivocada. (21)

El debate sin duda queda abierto. Más allá de las sentencias que puedan dar expertos en el tema urbanístico, cualquier otro comentario roza el peligroso terreno de las especulaciones. ¿Qué hubiese pasado de no concretarse la reurbanización de El Silencio, y seguir los lineamientos de Rotival? ¿La Avenida Bolívar, unos metros más o unos metros menos hacia el norte? En fin, la ciudad de Caracas de alguna manera tiene el sello de ese sueño monumental de 1939, y en buena medida su crecimiento, su expansión y modernización, tuvieron como materia prima los planos que salieron de la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, bajo la celosa tutela de Elbano Mibelli.


NOTAS:

(1) Arturo Almandoz, Urbanismo europeo en Caracas (1870-1940). Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2006p. 281.
(2) Ibídem, p. 282.
(3) Ciro Caraballo Perichi. “Los últimos días de aquella ciudad de los techos rojos, o los ‘planes’ antes del ‘plan’”. En: El Plan Rotival. La Caracas que no fue. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1989, p. 50.
(4) Juan Martín Frechilla. “Rotival, Maurice”. En: Diccionario de Historia de Venezuela. (2ª Edición). Fundación Empresas Polar, Caracas, 1997, pp. 1.008 – 1.009.
(5) Comentario hecho por Rotival a Jorge Cahue en noviembre de 1975, para una entrevista en la revista caraqueña Elite, Nº 2.617.
(6) Juan Martín Frechilla. Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2004, p. 36.
(7) Ibídem, p. 38. El autor se refiere a Jacques Bedel y el consorcio francés compuesto por la Societé de Construcción des Batignolles (SCB) y Societé des Grands Travaux de Marseille (SGTM).
(8) Ídem.
(9) Revista Municipal del Distrito Federal. Año 1, Número 1, Gobernación del Distrito Federal, Caracas, 1939, p. 24. El Plan Monumental de Caracas también fue publicitado en el cine.
(10) Arturo Almandoz, Ob.cit., p. 292.
(11) Ídem.
(12) Revista Municipal del Distrito Federal. Ob.cit., p. 25. Lo destacado en negrilla es iniciativa nuestra.
(13) Ibídem, pp. 25-26.
(14) Elías Pino Iturrieta. El divino Bolívar. Ensayo sobre una religión republicana. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2003, pp. 132-133. En relación al bolivarianismo de López Contreras, el autor lo cataloga de un “presidente místico” por la naturaleza de su devoción hacia el héroe.
(15) Revista Municipal del Distrito Federal, Ob.cit., p. 31.
(16) El espacio interior de Carlos Raúl Villanueva. (DVD). Colección Cine Archivo Bolívar Films, 30 mins, Caracas, 2000.
(17) Maurice E. H. Rotival. “Caracas marcha hacia adelante”. En: Caracas en tres tiempos. Comisión de Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas, Caracas, 1966, pp. 173 - 179. Juan Martín Frechilla, en una de sus obras que hemos citado para la presente investigación: Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, es especialmente crítico con los escritos y declaraciones que hizo Rotival luego de 1939. Martín Frechilla considera que Rotival cae en continuas imprecisiones, omisiones y contradicciones, como la que se refiere a esta cita textual.
(18) Arturo Almandoz, Ob.cit., p. 336.
(19) Ibídem, p. 337.
(20) Caracas, crónica del siglo XX. (DVD). Colección Cine Archivo Bolívar Films, 60 mins, Caracas, 1999.
(21) Juan. Martín Frechilla. Planes y proyectos para Venezuela 1908-1958: Apuntes para la construcción del país. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1994, p. 355.